Juventudes, fe y movilización social

(Parte II)

Enrique Vega-Dávila

¿Qué tipos y lugares de agregación juvenil, institucionales y no institucionales, tienen más éxito en ámbito eclesial y fuera de él? ¿Qué espacios de participación tienen los jóvenes en la vida de la comunidad eclesial?

La heterogeneidad del mundo juvenil no permite brindar una respuesta sencilla, no solo hay jóvenes hay juventudes . No obstante me pregunto acerca de lo que significa el “éxito en el ámbito eclesial”. ¿Qué significa aquello? ¿Acaso cantidad de asistentes? ¿Permanencia en la Iglesia? ¿Que los y las jóvenes logren sus ideales? Me viene inmediatamente una escena que tanto a mi amigo Rafael como a mí nos ha sucedido con diferentes grupos: estando en un evento juvenil los diferentes asesores empiezan a preguntar cuanta gente han llevado al evento para ufanarse del número de personas con el que han ido. Su modo de medir el éxito está determinado por la cantidad. Ello me ha pensar que en varios espacios pastorales se vive una suerte de “capitalismo pastoral”, donde la cantidad y los frutos de ellas son lo que interesan.

La participación juvenil en los espacios eclesiales es muy variada y de todo tipo. Tenemos al joven o a la joven de parroquia, y aquí, a quienes son participantes de los diferentes programas sacramentales o de los grupos juveniles . Pero también tenemos a quienes tienen algún servicio parroquial no necesariamente relacionado con el mundo juvenil, pueden ser catequistas, animadores, quienes dan retiros juveniles, o quienes sirven en el altar.

En el primer grupo mencionado en el párrafo anterior nos referimos a jóvenes a quienes se sirve, en ese sentido, la propuesta principal es la catequesis de Confirmación que, por lo general, es muy extendida dado que hay una pastoral sacramental habitual. En el segundo grupo aludido, la formación que reciben guarda mayor relación con el encargo concreto que poseen, ya sea de orden catequético o litúrgico y no necesariamente algo referido a la etapa vital en la que se encuentran.

En la organicidad que poseen algunas pastorales juveniles a nivel diocesano se privilegian los encuentros o eventos masivos que expresan ciertamente dinamismo en la vida de la iglesia local pero no siempre responden a procesos personales, quizá porque muchos laicos y laicas no han desarrollado tales capacidades para acompañar o porque la misma pastoral no lo tiene como objetivo.

Otro espacio de participación eclesial juvenil está referido a quienes pertenecen a algún movimiento, aquí también hay un abanico de posibilidades que son marcados por las líneas de reflexión de cada uno de ellos; tenemos a los movimientos especializados de Acción católica: JEC, JOC o UNEC, cada uno de estos posee un grupo de jóvenes concretos con quienes trabaja, ya sea desde la escuela, desde el mundo obrero, desde la universidad; una característica que me parece importante destacar en ellos es su mayor diálogo con el mundo. Además, tenemos jóvenes relacionados con algún carisma concreto, puede ser de corte laical o relacionado a algún instituto de vida consagrada, cada uno de esos espacios tiene su propia formación y vínculos orgánicos. Por último, también se encuentran jóvenes asociados a experiencias muy concretas como voluntariados o iniciativas que demandan tiempo de servicio y procesos de evaluación y, aunque, no son necesariamente espacios de fe son dirigidos por personas relacionadas a esta.

Al final de este corto mapeo, quisiera mencionar a un grupo de jóvenes del que no necesariamente existe alguna medición, en este se concentran ciertos jóvenes con una mirada del mundo un tanto negativa, es decir, son jóvenes con cierto corte tradicionalista. Decía que, si bien no podría afirmar cantidades, sí se puede evidenciar su presencia activa en redes sociales, aunque de hecho en las parroquias y en algunos movimientos relacionados a institutos de vida consagrada también poseemos jóvenes con cierto anhelo por tales formas religiosas.

En general, como agente pastoral percibo a mucha gente joven haciendo muchas cosas en los diferentes espacios eclesiales. Pero lo que no siempre percibo es que sean acompañados o acompañadas en procesos personales y comunitarios, con la grata excepción de los movimientos especializados de Acción Católica y los que están asociados a algunas congregaciones religiosas.

Por otro lado, fuera del ámbito eclesial existen varios tipos de agrupación que están siendo registradas por la Secretaría Nacional de Juventud, a la fecha en el país se han inscrito 1616 organizaciones juveniles a nivel nacional . Según lo establecido en ese registro hay agrupaciones juveniles en general, estudiantiles, voluntariados, emprendedoras (sic), culturales, ambientalistas , artísticas, deportivas, escolares, religiosas, de promoción y defensa de derechos , LGTB , barriales, animalistas y de jóvenes en riesgo social.

¿Qué piden concretamente hoy los jóvenes del país a la Iglesia?

Yalú es una joven a la que recuerdo siempre, en su última asistencia a la catequesis de confirmación dijo algo que me marcó. Ella debía dejar de asistir porque empezaría a estudiar en una academia preuniversitaria. El tema de aquella tarde en el que participó fue “¿Qué Iglesia quieres?”, al final de la sesión, en la oración, ella se expresó de este modo: “Quiero una iglesia que tenga tiempo para mí”; la frase ha calado en mí hasta ahora. Esa fue una petición concreta de quien participaba y quería seguir haciéndolo, las otras respuestas dependen de otros contextos.

Responder qué quieren los y las jóvenes de la Iglesia es algo que podemos intentar hacer solo si tenemos en cuenta que hay muchas diferencias entre los grupos de jóvenes. Por ejemplo, encuentro entre quienes pertenecen a los movimientos especializados de Acción Católica jóvenes con mucha crítica y que han encontrado en esos espacios comunitarios la oportunidad de canalizar sus posiciones. Entre ellos y ellas, hay quienes piden una iglesia más pobre y les resuena mucho lo dicho por el papa Francisco; hay también quienes piden una iglesia más abierta al mundo LGTB y lo hacen tanto desde su propia pertenencia a este colectivo como desde la crisis que esto les genera, o hay que sin pertenecer a este colectivo poseen mucha empatía por el tema; hay jóvenes que piden mayor organización en temas relacionados a medio ambiente y se encuentran en búsqueda de concretizar la encíclica Laudato si; hay jóvenes feministas que cuestionan el rol de la mujer y han adquirido liderazgos en sus movimientos. Muchas de las críticas emprendidas por la sociedad son vividas por jóvenes que luchan por mostrar una iglesia diferente desde su práctica concreta.

Quienes son jóvenes de parroquia exigen más bien un clero más cercano, que sea menos clerical y más humano. Le pide a la Iglesia presencia de pastores no solo para decidir qué van a hacer sino para que les brinde su amistad, pero también le pide que confíen en ellos y ellas, pide que sus párrocos no sean autoritarios, que les dejen expresarse y hacer.

Por otro lado, entre los grupos de corte tradicionalista, he percibido que su demanda guarda relación por la forma litúrgica, por algunos signos externos o por el cumplimiento de devociones según ciertas prescripciones.

En realidad, se puede decir muchas otras cosas más, como por ejemplo, lo que plantean jóvenes, varones y mujeres, sobre la laicidad del Estado o su incomodidad frente al rol mediático de algunos clérigos. En medio de todo, los grandes temas de fondo son la referencia y la credibilidad. El problema de creer muchas veces radica en una estructura religiosa que no se presenta como viable en una sociedad plural o no ayuda en el desarrollo humano integral de las personas. No es Dios o lo divino lo que está en juego sino más bien cómo es que ha sido presentada la fe.

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