Posicionamiento de la Coalición en el Diálogo con la Sociedad Civil – VIII Cumbre de las Américas 2018

Documento desarrollado por los miembros de la Coalición para su posicionamiento frente al Diálogo con la Sociedad Civil en el marco de la VIII Cumbre de las Américas (Lima, 12 de abril de 2018), donde se presentó un resumen frente a otros actores de la sociedad civil y representantes de Estado.
Coalición Religiones, Creencias y Espiritualidades en Diálogo con la Sociedad Civil
Eje Temático 1: Gobernabilidad Democrática y Corrupción
La corrupción es un flagelo que las sociedades latinoamericanas cargan desde los comienzos de la colonización del continente. Es un tema generalmente asociado con la administración del poder, pero que en realidad toca aspectos básicos de la convivencia y ética sociales. Por esta razón, hablar de corrupción implica una tarea que concierne a toda la ciudadanía, a la clase política y a las organizaciones de sociedad civil, que conviven con estas dinámicas en el día a día, tanto a nivel interno como también sufriendo las consecuencias estructurales que acarrea.
La corrupción atenta contra los valores éticos de nuestras sociedades. Sus malas prácticas no tienen que ver con hechos aislados que comprometen sectores específicos, sino que representan instancias que requieren de un abordaje abarcador y alineado con una comprensión desde los derechos humanos. Desde el respeto a la dignidad humana así como al desarrollo social.
Desde la perspectiva religiosa y espiritual que promueve esta Coalición, queremos abogar por un tratamiento amplio de la corrupción. Esto, desde la imperiosa necesidad de que sea un tema discutido en el marco de los derechos humanos y, principalmente, desde una denuncia a todo tipo de acción que pretenda legitimar un espacio o posición de poder para beneficio propio y en detrimento de la dignidad de la comunidad social, de la expresión plural y del desarrollo de lo diverso, más aún teniendo en cuenta el contexto actual que vivimos en la región, donde muchos países se ven afectados por graves problemas de gobernabilidad a través de maniobras judiciales anti democráticas. Inclusive los propios espacios de fe y espiritualidad deben realizar una profunda auto-crítica sobre los niveles de corrupción tanto sobre su actuación pública como de sus dinámicas institucionales y discursos teológicos, en los cuales se plasman cosmovisiones contrarias a la dignidad humana.
De aquí, hacemos un llamado a los Estados y a las organizaciones de la sociedad civil sobre la necesidad de tener en cuenta los siguientes elementos hacia la construcción de una ética social inclusiva y comprometida, que enfrente las problemáticas éticas vinculadas a la corrupción, especialmente sus consecuencias sobre los grupos en situación de vulnerabilidad.
  1. Reconocemos la importancia que poseen las comunidades y voces religiosas en el espacio público para tratar estas temáticas. Pero al mismo tiempo, cuestionamos aquellas perspectivas que se levantan como expresión monopólica de toda fe o creencia –especialmente las cristianas- que entremezclan posicionamientos morales excluyentes con la totalidad de las voces que forman parte de su comunidad como de otras expresiones de fe. Lo religioso es un espacio plural y diverso, donde las prácticas y discursos no poseen un modo único de plantear la vida, las relaciones o las cosmovisiones sobre la realidad. De aquí, denunciamos a aquellos grupos y sectores que en nombre de la fe abogan por la negación de las diversas perspectivas sobre el género, la diversidad sexual, los modelos de familia, los proyectos educativos y los tipos de sociedad deseados, estigmatizando la diferencia de manera anti-democrática, y, lo que creemos peor aún, en nombre de lo divino. Las religiones no poseen voces monopólicas, ni hacia dentro de sus comunidades, ni sobre la sociedad en general. Menos aún se sostienen en perspectivas únicas sobre la familia, la sexualidad o lo social.
  2. Esto también nos lleva a plantear que el neoconservadurismo y el fundamentalismo no son sinónimos de lo religioso. Lamentablemente, muchos espacios religiosos han sido funcionales a políticas y modelos de este tipo, nuevamente apelando a ello desde una perspectiva teológica, utilizando de forma sesgada la lectura de textos sagrados y discursos de fe. Esto ha llevado a que lo religioso se vea como un elemento ajeno al sentido de pluralidad, tanto hacia la sociedad como también hacia su mismo seno, ya que la persecución también se vive en la disidencia interna de sus comunidades. De aquí, nuevamente planteamos el hecho de que las creencias religiosas, en todas sus expresiones, dan lugar a voces y perspectivas alternativas, donde la diversidad, lo plural, el compromiso con los sectores en situación de vulnerabilidad, la lucha por los derechos humanos, y la inclusión de los sectores excluidos, no sólo son parte de una agenda de incidencia sino una respuesta a la misma fe.
  3. Uno de los temas más sensibles en nuestro tiempo es la aún presente resistencia hacia una agenda política inclusiva, donde las diversidades sexuales y de género, la educación sexual y las políticas de salud reproductiva sean temas que puedan tratarse y aplicarse con la libertad que merece, sin ser instancias de discriminación y condena. De aquí, denunciamos el uso del extendido término “ideología de género” como un calificativo empleado sólo en términos condenatorios y discriminatorios, sin sustento real alguno. Reconociendo que esta expresión es manipulada especialmente por espacios religiosos, queremos plantear, desde una visión de la fe y las creencias alineada con los derechos humanos, que las religiones no tienen posiciones monolíticas sobre las perspectivas de género, ni en la historia ni hoy. Más bien, existen incontables elementos teológicos, discursivos, simbólicos y rituales, donde la fe y lo religioso representan instancias inclusivas, de reconocimiento y promoción de la diferencia y la pluralidad, hecho por el cual también las comunidades religiosas son actores que pueden apoyar el desarrollo de políticas públicas relacionadas con estos temas.
  4. Una situación preocupante es el creciente número de femicidios y de casos de violencia de género. Lamentablemente, estos temas también son banalizados por la ciudadanía, y muchas veces por actores religiosos, que estigmatizan a las mujeres por sus comportamientos y decisiones de vida. Vemos con tristeza que muchos gobiernos han desfinanciado programas de atención a las mujeres, a las víctimas de violencia y de concientización sobre perspectivas de género, apelando en algunos casos a críticas absurdas sobre el feminismo. Hacemos un llamado, no sólo a un cambio urgente en políticas públicas con respecto a las mujeres, sino también hacia dentro de las comunidades religiosas y sus discursos estigmatizantes sobre los roles de género y las nuevas masculinidades. Nada más lejos de las perspectivas ancestrales y teológicas donde el ser humano, en su plenitud sexual, tiene el mismo lugar frente a lo divino, al cosmos, a la comunidad y al prójimo.
  5. Por todo esto, creemos necesaria una discusión profunda con respecto a las perspectivas sobre la laicidad de nuestras sociedades y Estados. Por un lado, aunque la mayoría de Estados en América Latina se declaran laicos, la realidad es que aún mantienen una impronta cristiano-céntrica, al punto, en muchos casos, de financiar la misma estructura de la iglesia católica, lo cual está lejos de un sano espíritu de laicidad, y más aún, democrático. Por otro lado, también vemos que las voces religiosas consultadas generalmente por los gobiernos y la clase política responden a perspectivas tradicionales y patriarcales de la jerarquía, las cuales precisamente responden a visiones comúnmente conservadoras y resistentes a agendas de derechos humanos.
  6. Finalmente, nos unimos al sentir de otras coaliciones sobre la necesidad de formalizar y ampliar mecanismos efectivos de participación de la sociedad civil en las diversas instancias de diálogo y colaboración de la OEA.
Queremos cerrar haciendo un llamado a los Estados y organizaciones de sociedad civil, para que convoquen voces religiosas inclusivas y en diálogo con los derechos humanos para el tratamiento de temáticas sensibles que conciernen a políticas públicas y la construcción de un ambiente democrático plural y diverso, para que “lo religioso” no quede vinculado sólo a miradas moralizantes excluyentes. Además, estas luchas puedan encontrar un eco dentro del mismo campo religioso, el cual es fundamental en todas las dinámicas presentes en nuestras sociedades, y que además está compuesto por muchas personas dispuestas a movilizarse y colaborar activamente, desde su propia fe, por la defensa de la inclusión, la pluralidad, la justicia y por una ética que resiste la corrupción de las relaciones sociales y la dignidad humana.
Miembros de la Coalición
· Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP)
· Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI)
· Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI)
· Instituto de Ética – Faculdades EST
· Universidad Bíblica Latinoamericana
· Foro Nacional Permanente por la Enseñanza Religiosa (FONAPER)
· Acción Ecuménica
· Seminario Evangélico de Teología de Matanzas
· GlobEthic.net
· Centro Oscar Arnulfo Romero
· Área de Ciência das Religiões (Universidad Lusófona)
· Comunidad Teológica de México
· Red Interreligiosa Latinoamericana de Educación por la Paz (RILEP)
· Sentiido
· Centro Martin Luther King
· MULABI

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