Diálogo con Sociedad Civil, 49 Asamblea de la OEA

Presentación de la Coalición Religiones, Creencias y Espiritualidades en Diálogo con Sociedad Civil

Medellín, 26 de junio de 2019

Segmento I. Fortalecimiento del diálogo entre la OEA, los Estados miembros, y las organizaciones de la sociedad civil para el perfeccionamiento de las instituciones y el Estado de Derecho

Como Coalición creemos en la necesidad de fortalecer los mecanismos de diálogo entre sociedad civil y Estados, no sólo a través de los actuales espacios de encuentro entre ambas partes, sino también desde la profundización de mecanismos de trabajo conjunto, en el cumplimiento de objetivos consensuados y desde diversas instancias, sea a través de plataformas nacionales como regionales. En otros términos, sociedad civil no sólo debe ser un interlocutor más sino también un aliado legítimo y prioritario en la concreción de objetivos específicos que tengan que ver con el mejoramiento de ambientes democráticos y el desarrollo de agendas en derechos humanos.

Desde la especificidad de nuestra Coalición, es decir, desde el análisis del lugar de las religiones en el espacio público y la importancia de dicho campo para el desarrollo social, creemos que hay mucho por hacer, no sólo en lo que respecta a los modos en que esta presencia se manifiesta en el espacio público, sino también en la necesidad de incluir más actores en las instancias de diálogo e intercambio con los Estados, sobre las distintas agendas que competen al tratamiento de las demandas de la sociedad civil.

De aquí, afirmamos los siguientes aspectos que creemos fundamentales para el fortalecimiento de este diálogo y camino de incidencia conjunta:

  1. Ante todo, creemos que el diálogo entre sociedad civil y Estados debe hacerse desde una perspectiva de real diversidad, haciendo eco de la pluralidad de posturas que componen nuestras sociedades, como también de la diversidad que habita dentro de cada una de sus expresiones (como por ejemplo, grupos LGBTIQ, afrodescendientes, indígenas y de distintos tipos de reivindicación). Las religiones son precisamente un claro ejemplo para esto: ellas no poseen un posicionamiento homogéneo y único sobre temáticas sociales, morales o políticas. Por ende, hay que advertir la necesidad de reconocer estas perspectivas en todo diálogo social, como también tener cuidado de no privilegiar algunos sectores que pretenden representar a la totalidad.
  • El diálogo entre Estados y sociedad civil, debe darse en el marco del respeto por los derechos humanos, y cada uno de los consensos democráticamente alcanzados en la materia. En el campo específico de las religiones, creemos que cualquier esfuerzo de inclusión de dichas voces debe conformarse en un marco de respeto frente a los derechos alcanzados desde distintos grupos. En este sentido, religión no puede ser sinónimo de vulneración sobre otros acuerdos previamente alcanzados en términos de derecho.
  • El punto de partida para este acercamiento se cimenta en el entendimiento y práctica de un Estado laico, que respete la diversidad de expresiones religiosas en el territorio, que promueva un diálogo abierto con este sector en clave de derechos humanos y, sobre todo, que no privilegie una expresión o perspectiva religiosa por sobre otras, menos aún sobre consensos obtenidos democráticamente. El reclamo por un Estado laico nace desde creyentes y no creyentes por igual, ya que su defensa beneficia a toda la comunidad social, en vistas de la construcción de una sociedad sin monopolios ni discriminación.
  • Los debates en torno a la libertad religiosa representan uno de los ejes principales para sustentar este marco de intercambio respetuoso entre voces religiosas, sociedad civil y Estados. Pero la noción de libertad religiosa, además de ir focalizada en la lucha contra la discriminación de comunidades religiosas, debe  apelar a la responsabilidad social que éstas tienen en tanto agentes sociales.  La “libertad religiosa” de determinados grupos no puede  vulnerar la libertad de otros sectores, tal como vemos en distintos hechos, donde grupos religiosos (hegemónicos o con poder político) pretenden imponer como verdad absoluta un posicionamiento particular que termina negando el derecho de otros y otras. En otros términos,  no se puede apelar a este principio para retroceder en derechos ya reconocidos por cortes y organismos internacionales, que los diferentes Estados ya han suscrito. Por eso, reclamamos que cualquier debate en torno a una posible resolución sobre libertad religiosa por parte de la OEA, tenga presente la necesidad de que dicha enmienda no termine siendo la excusa para que algunos sectores religiosos se sientan con la libertad de negar derechos, en nombre de la “no discriminación”.
  • Frente a esto denunciamos cualquier propuesta que en nombre de la religión abogue por vulnerar los derechos adquiridos por otros sectores de la sociedad, especialmente en el avance sobre los derechos humanos y ampliación de derechos a sectores históricamente postergados (como las mujeres, personas LGBTIQ, indígenas, niñas y niños, entre otros), y que utilice prácticas de coerción, amenaza, persecución, presión financiera y hostigamiento, justificándose en la defensa de agendas propias que pretenden imponer a toda la sociedad.  Más bien, es importante dar cuenta que desde la misma diversidad de las religiones y desde la heterogeneidad que inscribe lo religioso, existen argumentos fundados para acompañar, a base de las creencias, el respeto a la diversidad sexual, a la decisión de las mujeres sobre sus cuerpos y al desarrollo de políticas inclusivas. La vida no es un objeto en posesión de las religiones o de alguna convicción moral particular; es una condición inherente a toda la humanidad, que trasciende cualquier singularidad, que se manifiesta de diversas maneras, que emerge desde la profundidad de las espiritualidades, y por ello merece ser defendida desde todas las dimensiones de la existencia humana y cósmica.
  • Finalmente, a partir de aquí hacemos un llamado a los Estados y a las organizaciones de sociedad civil, a crear instancias de encuentro e intercambio con voces religiosas que den cuenta de la lucha histórica por la defensa de los derechos humanos, para que las creencias dejen de ser sinónimo de opresión, discriminación y negación, y ser entendidas desde lo que representa el corazón de toda fe y creencia en una trascendencia: la apertura radical, inclusiva y amorosa, al otro y otra, especialmente de los y las más vulnerables.

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